La sobreactuada defensa de la filosofía

por | 11 marzo 2022

Carlos Segade Alonso. Publicado en elDiario.es

En España las pasiones mueven las polémicas y tras estas todo vuelve a la mediocridad de la rutina. Eso es lo que pasa cada vez que mis colegas profesores de filosofía ven amenazado su futuro como docentes. Cuando parece que la asignatura va a desaparecer, hay una gran movilización; cuando desaparece la amenaza, apenas se hace nada por cambiar, mejorar y hacerla útil. Sí, útil, porque las humanidades y la filosofía son útiles. Pero también hay que saber convertirlas en útiles de verdad.

Por esta causa, la defensa de la filosofía, se han levantado voces exageradas, apocalípticas, y en la mayoría de las ocasiones fantasiosas, confundiendo el ser con el deber ser, lo que la filosofía podría ser con lo que verdaderamente es en las aulas españolas.

Yo, como docente universitario de humanidades y doctor en filosofía, tengo ocasión de poner ejercicios a mis alumnos, sobre todo de máster, de carácter crítico. Uno o dos por semestre, desde hace años. No exagero si digo que, salvo los extranjeros, apenas hay alumnado que demuestre un mínimo sentido crítico. Es casi imposible encontrar alumnos que simplemente sepan argumentar y pensar por sí mismos.

La culpa no es de ellos. En España simplemente no se enseña a pensar. ¿Puede la filosofía, tal y como está, solucionar el problema? Pues no, porque la enseñanza de la filosofía, como base del pensamiento crítico, en España simplemente no existe, por mucho que se escriban encendidos artículos afirmando que esto es el acabose del pensamiento en España. No, no es así. El sistema no favorece el pensamiento crítico en su globalidad, ni en la asignatura de filosofía ni en el resto de disciplinas.

Voy a poner un ejemplo de cómo sí hay que hacerlo. Y este ejemplo, como no podía ser de otra manera, viene del país que vive con pasión la filosofía, donde esta lo impregna todo, que tiene programas de radio y televisión sobre filosofía, masivamente seguidos, y en el que los filósofos están presentes en la vida pública. Sí, ese país es Francia, en el que todos los alumnos, de humanidades y de ciencias experimentales tienen un exigente examen obligatorio de filosofía antes de acceder a la universidad.

Pues bien. Comparemos preguntas de la selectividad española con las de su equivalente francés.

Comunidad de Madrid, 2021: El alumnado debe volcar lo memorizado sobre estos temas:

1. Exponga las ideas fundamentales del texto propuesto y la relación que existe entre ellas. [Texto de Platón].

2. Exponga el problema de la ética y/o moral en un autor o corriente filosófica de la época medieval.

3. Exponga el problema del ser humano en un autor o corriente filosófica de la época moderna.

4. Exponga el problema de Dios en un autor o corriente filosófica de la época contemporánea.

Ahora, veamos las dos versiones del examen francés:

Serie general, 2021: Los alumnos deben disertar sobre los siguientes temas (disponen de cuatro horas):

Tema 1 – ¿Dialogar es renunciar a la violencia?

Tema 2 – ¿Escapa el inconsciente a toda forma de conocimiento?

Tema 3 – ¿Somos responsables del futuro?

Pregunta 4: comentario sobre un texto de Emile Durkheim extraído de “La división del trabajo social”.

Alumnos de estudios tecnológicos, 2021: Deben disertar sobre los siguientes temas (disponen de cuatro horas):

Tema 1 – ¿Es siempre injusto desobedecer las leyes?

Tema 2 – ¿Saber es no creer en nada?

Tema 3 – ¿La técnica nos libera de la naturaleza?

Pregunta 4: comentario sobre un texto de Sigmund Freud extraído de “El poeta y la actividad de la fantasía”.

Creo que apenas hace falta comentar las diferencias, por obvias. Una formación real en filosofía pasa por hacer pensar a los alumnos, de manera que sepan disertar, construir argumentos y hacer algo prohibido en España, tomar una posición propia y defenderla. Y eso es una tarea de años, no de un curso. En España se estudia una historia de la filosofía que es un proceso de memorización de doctrinas de autores extraídos de una lista consensuada para no ofender a nadie, ni demasiado clerical ni demasiado ilustrada. El alumno español no piensa, ni le hace falta. Con saber algo de algún autor y repetirlo, ya estará aprobado. Eso es todo lo que tienen que demostrar.

Entendería las protestas de mis colegas y las reacciones histéricas de algunos y algunas columnistas, si verdaderamente la capacidad crítica de los españoles dependiera de esta asignatura. Pero no es el caso. Históricamente, se enseña filosofía porque la Iglesia tenía necesidad de justificar términos pseudofilosóficos en las mentes de los estudiantes, como transustanciación, para justificar sus cosas teológicas, pero nunca ha sido la filosofía una materia crítica dirigida a formar ciudadanos, como lo es en Francia. El objetivo aquí ha sido formar teístas dogmáticos, que aprendieran doctrinas, pero que no supieran cómo cuestionarlas. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Tras las múltiples amenazas a la filosofía, mis colegas deberían haber salido a gritar por una reforma en serio de la filosofía, exigiendo cambios globales e impidiendo que esa burla que es la selectividad siguiera perpetrándose año tras año, para solaz de las asociaciones de profesores que se conforman con lo mínimo.

Pero, aún así, aunque la cosa cambiara, no habría que olvidar algo que repite el filósofo francés Michel Onfray: el estudio de la filosofía no te hace filósofo, igual que el estudio de la filología inglesa no te hace inglés. A la filosofía se llega pensando y es cuando es útil, de lo contrario, es indiferente que esté o que no esté. Y lo siento por mis colegas, que defienden legítimamente su disciplina, pero si no hay una auténtica reforma profunda en los principios de la asignatura, haciéndola troncal con el fin de formar ciudadanos críticos y luego se les examina en esa línea, la batalla está perdida de antemano, porque le dan la razón a quienes la quieren suprimir: así no sirve para nada.