El Camino sinodal alemán

por | 23 de noviembre de 2022
Foto de Gabriella Clare Marino en Unsplash

El Camino sinodal alemán son un conjunto de reuniones para discutir cuestiones teológicas y organizativas de la Iglesia germana. Los encuentros están organizados por una Asamblea formada por 230 personas. La mitad son laicos pertenecientes al Comité Central de Católicos Alemanes y, la otra mitad, la constituyen los obispos del país y representantes de órdenes religiosas u otros grupos eclesiales.​

El Camino sinodal aborda cuatro asuntos principales: poder y separación de poderes en la Iglesia; sexualidad y relaciones personales; sacerdocio, especialmente el tema del celibato; y, por último, las mujeres en los ministerios y cargos de responsabilidad en la Iglesia.

Contexto general

El Comité Central de los Católicos Alemanes es una institución formada por laicos especialmente implicados en la labor pastoral de la Iglesia. Posee una influencia enorme, pues la Iglesia católica en Alemania es el empleador número uno del país y, por lo tanto, hay muchos laicos que trabajan en empresas que tienen relación directa con la Iglesia. Para entender la pujanza de la Iglesia hay que saber que en Alemania los creyentes pagan un impuesto extra al estado por ser cristianos, que luego se devuelve en gran parte a las distintas confesiones para ayudar a su sostenimiento. De este modo, el estado se asegura de que los fieles sostendrán a sus iglesias.

Este impuesto constituye un incremento del 9% del IRPF, es decir, que genera unos ingresos enormes a la Iglesia en Alemania: más de 6000 millones de euros, diez veces más de lo que recibe la Iglesia en España por la campaña de la Renta. Con semejantes ingresos no es extraño que la Iglesia germana sostenga muchos colegios, hospitales y otras empresas de carácter social (por ejemplo de ayuda al desarrollo o las misiones, donativos que son muy importantes para el desarrollo de la Iglesia en los países pobres).

Por otro lado, en los últimos años el número de católicos que se dan de baja en los registros estatales como miembros de esta confesión crece alarmantemente (más de 200.000 en 2020 y 300.000 en 2021). Es algo comprensible, pues a nadie le hace gracia pagar más impuestos si no practica o tiene verdadera fe en una religión.

Algunas de esas personas sí son practicantes, pero no lo confiesan ante el estado con el fin de no tener tantas dificultades para llegar a fin de mes, pues eso les da un 10% más de ingresos. Esta practica ha generado algunos problemas, puesto que en 2012 los obispos alemanes decretaron que los que no paguen el impuesto no recibirán los sacramentos, especialmente la primera comunión o la confirmación de sus hijos.

Por otro lado, el hecho de manejar tanto dinero puede llevar en ocasiones a vivir de un modo más mundano, como le ocurrió al obispo de Limburgo, que fue cesado por el Papa Francisco en 2013 tras gastar 31 millones de euros en un nuevo palacio episcopal.

Teniendo en cuenta estas pinceladas, uno se hace cargo de que el status de la Iglesia en Alemania es bastante particular. Por un lado, al igual que ocurre en todos los países europeos, la descristianización ha vaciado de fieles las iglesias, en su caso además implicando una separación formal de la Iglesia. Por otro lado, muchos laicos trabajan para la Iglesia en Alemania y están muy interesados en influir en sus decisiones e incluso en su doctrina. En este sentido, el papel de los obispos es especialmente complejo y difícil.

Reuniones mantenidas

El Camino sinodal originalmente se planeó como cuatro reuniones de la Asamblea sinodal, dejando varios meses entre cada encuentro para reflexionar sobre los distintos debates. El plan inicial ha sufrido algunas variaciones, quedando de este modo:

  • La primera Asamblea tuvo lugar del 30 de enero al 1 de febrero de 2020.
  • Se celebró una reunión telemática, debido a la pandemia, el 4 de septiembre de 2020 y otra el 4 y 5 de febrero de 2021.
  • La segunda reunión propiamente dicha tuvo lugar del 30 de septiembre al 2 de octubre de 2021.
  • La tercera Asamblea fue del 3 al 5 de febrero de 2022.
  • La cuarta ha tenido lugar del 8 al 10 de septiembre de 2022.
  • ​La quinta tendrá lugar del 9 al 11 de marzo de 2023.

Las reformas propuestas

Después de tantas reuniones y debates el Camino sinodal alemán ha elaborado diferentes documentos en los que insta a Roma a realizar importantes cambios, siendo los más significativos:​

  1. La ordenación de mujeres.​
  2. Que los laicos tengan más influencia en las decisiones de los obispos, incluyendo su elección.​
  3. La reforma de la moral sexual de la Iglesia, incluyendo la normalización de la homosexualidad.
  4. El reconocimiento de las uniones homosexuales, expresado como mínimo en la bendición de las parejas homosexuales por parte de sacerdotes.​​
  5. La eliminación del celibato sacerdotal.​

Como salta a la vista hay importantes asuntos doctrinales en juego, sin embargo, unos son más discutibles que otros. Por ejemplo, la valoración moral de la práctica homosexual y la ordenación de mujeres son temas cerrados para la Iglesia católica, que no puede cambiarlos porque considera que sus posiciones pertenecen claramente a la voluntad divina revelada en la escritura y la tradición.

Cosa distinta es la eliminación del celibato sacerdotal, la participación de los laicos en la toma de decisiones en la Iglesia o una mayor participación de la mujer. La abolición del celibato desde luego es siempre planteable, puesto que no va contra la fe (de hecho muchos ritos orientales de la Iglesia católica tienen sacerdotes casados, pues siguen esta tradición desde los primeros años de la cristiandad). Los defensores de la abolición del celibato suelen argumentar que aumentaría el número de vocaciones al sacerdocio y reduciría la pederastia, sin embargo muchos argumentos desmienten estas hipótesis.

Los otros asuntos, la participación de la mujer y de los laicos en general en la vida de la Iglesia sí que son debates muy pertinentes y necesarios. Ahora bien, el problema es que las discusiones y propuestas de la Asamblea sinodal alemana resultan enormemente preocupantes: directamente proponen la ordenación sacerdotal de mujeres (empezando por que su admisión al diaconado) o que los laicos tengan un papel determinante en la selección de obispos. Desde luego, si uno va con estas intenciones es normal que los católicos de todo el mundo, y no solo el Vaticano, se preocupen enormemente.

Presiones y juego sucio

Sin duda alguna, es muy interesante estudiar cómo se han ido abriendo camino las propuestas más heréticas del sínodo alemán a lo largo de los años. Al repasarlo, uno advierte el importante papel que han jugado muchos laicos dedicados al activismo y los juegos de presión de los lobbys más persuasivos. Como es natural, la apariencia siempre ha sido la de una mano con guante de seda, pero detrás ha habido un verdadero puño de hierro que ha impuesto su postura.

Los obispos, religiosos y laicos más ortodoxos con la doctrina católica han sufrido extraordinarias presiones. En primer lugar, a nivel interno, siendo silenciados o ignorados cuando planteaban las posturas clásicas del magisterio de la Iglesia. Después siendo despedazados por la opinión pública, tanto en los medios de comunicación de masas como en los de información religiosa. Por último, como se vio en la asamblea de septiembre de 2022, presionando con abandonar el camino sinodal cuando por solo tres votos no se aprobó la versión final del documento que exigía a Roma una reforma de la moral sexual de la Iglesia.

Y es que fue toda una sorpresa cuando 22 obispos votaron en contra de este documento. Ni los directivos del Comité Central de los Católicos Alemanes, ni el presidente del episcopado alemán, Georg Batzing, se esperaban este resultado. Y, lógicamente, les pilló a contrapié porque en las conversaciones de palabra que habían mantenido previamente con los obispos les salían las cuentas para que la votación saliera adelante .

El revuelo que se montó en la asamblea cuando se supo el resultado de la votación fue monumental: el presidente Batzing reunió a puerta cerrada a los obispos para asegurarse de que votarían «correctamente» al día siguiente; también se cambiaron las reglas de los estatutos del Camino sinodal, sin atender a consensos o reglamento alguno, de forma que a partir del día siguiente las votaciones ya no serían secretas sino públicas (algo que solo pasa en las dictaduras que quieren tener apariencias democráticas).

Por último, el resultado de las votaciones de los otros documentos salió adelante con los votos en contra de entre 6 y 10 obispos que, por cierto, merecen la corona del martirio después de las críticas que recibieron dentro y fuera de la Iglesia. Eran fáciles de identificar puesto que sus nombres quedaron expuestos en las actas publicadas en la web del Camino sinodal, en lo que sin duda es un ejemplo de la sinodalidad mal entendida que algunos pretenden extender.

Reacciones del Vaticano ante la crisis

El Camino sinodal ha suscitado una amplia gama de críticas, tanto a nivel nacional como internacional. ​El 29 de junio de 2019, el Papa Francisco escribió una Carta «Al pueblo de Dios que peregrina en Alemania».​ El texto guardaba un delicado equilibrio destacando los aspectos positivos del diálogo sinodal, pero dejando claro que no todo vale, la Iglesia tiene una parte doctrinal revelada que no puede cambiar. A continuación, algunos obispos alemanes trataron de reorientar el Camino sinodal hacia posturas más ortodoxas, pero sus propuestas fueron rechazadas.​

Durante una audiencia general celebrada el 25 de noviembre de 2020, el Papa Francisco comentó sobre las personas reunidas en «un camino sinodal» y advirtió que les faltaba el Espíritu Santo. Si bien no se dirigió oficialmente al Camino sinodal alemán, se consideró ampliamente que la declaración se refería a Alemania.​

El 1 de julio de 2022 la Santa Sede publicó un breve comunicado en el que subrayaba que el Camino sinodal no posee “prerrogativas para obligar a los obispos y a los fieles a adoptar nuevas formas de gobierno y nuevas orientaciones doctrinales y morales”. Con esta frase se insistía en la importancia de no hacer propuestas contrarias a la verdad custodiada por la Iglesia, al tiempo que salía al paso de la propuesta que estaba gestándose y quería aprobarse en la Asamblea de septiembre de 2022: crear una comisión u otro tipo de organismo que mantuviera abierto sin límite de tiempo el proceso sinodal alemán.

La idea de fondo era sencilla: como Roma no va a aprobar ahora nuestras propuestas, vamos a mantener un organismo que siga debatiendo sobre ellas, busque compañeros de viaje en otros países del mundo y alargue la presión sobre la Santa Sede hasta que ceda. Por eso el Vaticano se adelantó a recordar que una conferencia episcopal no tiene autoridad para crear ese tipo de organismos.

Esta breve nota fue muy polémica en los primeros días tras su publicación, pues no iba firmada por ninguna persona u organismo concreto. Unos días después el Papa aclaró que era de la Secretaría de Estado. La presidenta del Comité Central de los Católicos Alemanes fue muy crítica con el contenido, pues aunque el mensaje era suave en las formas definía claramente la posición de Roma.

La última llamada de atención importante acaba de tener lugar a mediados de noviembre, cuando los obispos alemanes realizaron la visita ad limina a Roma. El encuentro con el Papa fue cordial, pero en las reuniones con los cardenales de los dicasterios más importantes del Vaticano -Parolín, Ouellet y Ladaria-, se trasladaron mensajes contundentes sobre las líneas rojas que no se podían traspasar. Veamos algunas de ellas, con las palabras textuales de Ladaria, prefecto de Doctrina de la Fe:

  • Los textos del Camino sinodal parecen presentar a la Iglesia “desde el principio como una organización estructuralmente abusiva, que debe ser puesta bajo el control de los supervisores lo antes posible”.
  • Los documentos también sugieren que “todo debe cambiar” con respecto a la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad, especialmente como se expresa en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992.
  • Tampoco se hace justicia a la enseñanza de la Iglesia de que la ordenación sacerdotal está reservada a los hombres, sugiriendo reduccionistamente que “la dignidad fundamental de la mujer no se respeta en la Iglesia Católica porque no tienen acceso a la ordenación sacerdotal”.
  • Por último, «el mayor peligro de muchas propuestas operativas de los textos del camino sinodal es que se pierda uno de los logros más importantes del Concilio Vaticano II, a saber, la enseñanza clara de la misión de los obispos y, por tanto, de la Iglesia local”. El cardenal dijo que “no es posible equiparar esta tarea delicada y decisiva en la vida de la Iglesia Católica con otros oficios en la Iglesia, como los de teólogos y expertos en otras disciplinas”. Con estas palabras hace referencia a que no puede

Si te parecen poco contundentes estas declaraciones es porque no estás acostumbrado al lenguaje moderado del Vaticano, pero sin duda los obispos alemanes han entendido el mensaje perfectamente. Ahora les toca ver cómo salen del atolladero en el que ellos mismos se han metido, aunque no lo tendrán fácil para reconducir la situación teniendo en cuenta las resistencias que van a encontrar en el Comité Central de los Católicos Alemanes.

Otras críticas relevantes

A lo largo de los últimos meses numerosas voces de otros países se han levantado contra el Camino sinodal alemán. Por ejemplo, en febrero de 2022 los obispos polacos escribieron una carta rogando a los obispos alemanes que volvieran al buen camino. Un mes más tarde hicieron lo mismo los de Suecia, Finlandia, Noruega, Islandia y Dinamarca. Y en abril otros 70 obispos de varios países firmaron una carta fraterna exhortando a que se respetaran las enseñanzas de la Iglesia.

Una de las voces discordantes más destacables es la de la iniciativa «Neuer Anfang«, constituida principalmente por laicos alemanes y que trata de ofrecer propuestas más constructivas y ortodoxas para la Iglesia en Alemania.

Una valoración personal

Ante una situación tan compleja es normal que cada uno tenga una opinión personal sobre cómo debería haber actuado la Santa Sede a medida que avanzaba el desafío del Camino sinodal. Aunque muchas veces uno quisiera que Roma corrigiera con rapidez las desviaciones doctrinales lo antes posible, lo cierto es que esta postura no siempre acaba solucionando los problemas (aunque evidentemente tiene sus aspectos positivos).

A mi modo de ver, la reacción tranquila y prudente de la Santa Sede ante esta crisis tiene un punto a favor muy importante, a saber, que si parte de la Iglesia alemana acaba por separarse de la Iglesia, lo harán sin poder achacar que no se les ha escuchado o se les ha maltratado a lo largo del proceso. La cosa puede parecer trivial en comparación con la magnitud del problema, pero la Iglesia es una institución milenaria y algunas cosas ha aprendido con el tiempo. Cuando se estudian las razones por las que los ortodoxos se separaron de la Iglesia (1056), se produjo el cisma de occidente (1378-1417) o Lutero inició su revuelta contra Roma (1517), se encuentra uno con muchos gestos por parte de eclesiásticos de la Santa Sede, o de los países que la apoyaron, que no solo no ayudaron a calmar los ánimos sino que echaron más leña al fuego.

Que el Papa y el Vaticano hayan abordado la cuestión con el sosiego y la claridad con la que la han hecho siempre será criticable, pero sin duda tiene este importante aspecto positivo a su favor.