Penélope o Calipso

por | 12 abril 2021
Publicado por Juanxo en 10 argumentos

 Aquí dejo un texto que estoy trabajando para un artículo en la prensa. Tengo que recortar 300 caracteres 🙁 Tengo la impresión de que el final es un pelín cansino.

“Penélope me encanta. Llevamos casados veinte años, y tenemos un hijo genial, Telémaco. Es verdad que con el nombre del zagal arriesgamos un poco, pero en fin. En los mejores recuerdos de mi vida siempre aparece ella, con su eterna sonrisa. Igual que yo, Penélope va a acusando el paso de los años, lo que no significa que no me siga resultado atractiva. Aunque bueno, esto sobre todo me lo imagino, porque llevo más de quince años sin verla, que son los que ha durado la maldita guerra de Troya y mi viaje de vuelta a Ítaca, que está siendo una auténtica Odisea y parece que no va a terminar nunca. Por cierto, no sé si me he presentado. Me llamo Ulises. Igual habéis oído hablar de mí.

Mis dudas han surgido cuando he conocido a Calipso. Calipso es otro rollo. Como es una diosa, realmente no tiene edad, pero aparenta 26 ó 27. Y además no envejece nunca. Cabello rubio, ojos verdes, piel tersa, mejillas sonrosadas, talle generoso y piernas estilizadas. Simpática, divertida, traviesa. Un auténtico pivón. Si me permitís la comparación, Calipso es a Penélope lo que la hermana a la mujer de Rafa Nadal. Os cuento todo esto porque Calipso me ha insistido en que me quede con ella. Que renuncie a mi viaje, a mi familia y a mi pasado, y me instale quede en su isla disfrutando con ella de días apacibles y noches de pasión. Además, por lo visto, mientras esté aquí yo tampoco envejeceré. Entenderéis que la propuesta es casi irresistible…”

Igual que Ulises, nosotros afrontamos a diario una disyuntiva similar. Penélope es nuestro marido con halitosis y nuestra mujer con cartucheras. Penélope es nuestro trabajo, que por mucho que nos guste siempre tiene facetas rutinarias y cansinas. Penélope son las reuniones familiares, los deberes de los niños, ordenar el armario y madrugar los lunes. Penélope nos gusta, como nos gusta nuestra vida… pero no nos fascina. Exige esfuerzo, fidelidad y compromiso. Y luego está Calipso. La promesa de placer infinito sin responsabilidad. Calipso es el porno de Internet y los vídeos de youtube. Calipso es mandar whastapps en lugar de atender la chapa de nuestro suegro. Calipso es Tinder e Instagram. Con Calipso no hay pasado ni problemas. Y además siempre está ahí, disponible, ofreciéndose con su irresistible sonrisa y dispuesta a satisfacer todos nuestros deseos. A un solo clic.

Ulises prefirió volver a casa. Arrostrar los peligros de un incierto viaje para envejecer junto a Penélope, ver crecer a su hijo y labrar sus campos con su esfuerzo y su sudor. Ulises prefirió su propia vida, con sus luces y sus sombras, a una vida con Calipso: placentera pero intercambiable, sin esfuerzo y sin heridas, pero también sin memoria ni proyectos. Ulises eligió los michelines, las arrugas y las canas, porque eran los suyos y de su mujer, a quien tanto amaba.

Nosotros también tenemos que elegir. Penélope o Calipso. Nuestra propia e imperfecta biografía -y la de nuestros vecinos- o los encantos deslumbrantes e infinitos que nos ofrece Internet.