Evaluación en ciencias y letras

por | 30 enero, 2019

Publicado en Magisterio el 29 de enero de 2019.

Muchos profesores de asignaturas de letras hemos pensado alguna vez lo injusto que resulta el tiempo que dedicamos a corregir en comparación con nuestros compañeros de ciencias. Suele decirse que las comparaciones son odiosas pero, en ocasiones, también son inevitables y no hacerlas puede resultar injusto.

El principal criterio para distribuir las responsabilidades entre los profesores en la enseñanza media suele ser el número de horas de clase que se imparten, pues se considera la forma objetiva de hacerlo. Sin embargo, no se tiene en cuenta que el tiempo que lleva corregir un examen de letras en comparación con uno de ciencias es mucho mayor. Mi cálculo personal es que es entre cuatro y seis veces más, por lo menos si comparamos exámenes de Bachillerato tipo EvAU, de 90 minutos y un Din A3. Evidentemente si todo el mundo pudiera corregir todo en su horario laboral, no tendría sentido lamentarse, pero lo cierto es que casi nunca sucede así.

Naturalmente, los profesores de letras también pueden diseñar exámenes más fáciles de corregir; por ejemplo, haciéndolos tipo test. Pero esta no es una práctica recomendable de modo habitual por dos motivos: no enseña a los alumnos a redactar respuestas extensas —siendo la capacidad de escritura una habilidad básica— y, además, no prepara para los exámenes de acceso a la universidad ni para muchos otros a los que se enfrentarán en suvida universitaria. No olvidemos que aprender a escribir ayuda muchísimo a aprender a pensar, no es una habilidad como otra cualquiera. No podemos permitirnos el lujo de que los alumnos no la aprendan. Estamos haciendo grandes esfuerzos en la Educación por el bilingüismo o para hablar en público, pero no es lógico hacerlo si no mejoramos de veras cómo piensan los alumnos.

Así las cosas, si queremos que los profesores de letras enseñen a los alumnos a escribir y elaborar respuestas críticas, deberíamos plantearnos si no deberían tener menos horas de clase, grupos más pequeños o algún otro tipo de cambio que permita hacerlo. De lo contrario, solo el celo educativo de unos pocos docentes pondrá un esfuerzo extra para solucionar este problema.

Siempre que he abordado esta cuestión con colegas, de ciencias o de letras, directivos del centro o profesores, he recibido gestos de comprensión y de ánimo. No es que no estuvieran de acuerdo con que esta desigualdad sea injusta; más bien les parece que, como es algo que ha ocurrido desde siempre, es muy difícil intentar cambiarlo.

No se me escapan las razones prácticas que hacen muy delicado intentar poner remedio a esta situación. También sé que hay muchos debates en Educación que contribuyen a generar divisiones y malestar entre los que trabajamos en las aulas. Hay profesores de ciencias, idiomas e incluso Educación Física, que dedican más tiempo a corregir que sus colegas de letras, pero creo que constituyen una admirable excepción. Desde mi experiencia, los profesores de letras están obligados a corregir más que los de otras áreas si quieren hacer bien su trabajo.
Mejorar cualquier entorno laboral requiere dar pequeños pasos y cambiar rutinas e inercias que se han dado siempre. Por lo tanto, me pregunto: ¿no ha llegado la hora de poner este asunto sobre la mesa?

Entiendo que plantear el problema sin ofrecer soluciones es muy fácil. No renuncio a hacerlo en un próximo artículo, pero antes debemos preguntarnos si, de verdad, honradamente, estamos dispuestos a enfrentarnos a esta injusta realidad.

El autor es profesor de Filosofía en el Colegio Retamar de Pozuelo de Alarcón (Madrid) y también es autor del blog http://minoriascreativas.com/