La venganza de los ‘letrasados’

Marta García Aller en El Independiente

Olivia lleva en la mochila unos apuntes desorganizados de Metafísica. Sale de su clase de la Universidad Autónoma de Madrid dándole vueltas a qué son el ser y la nada para Parménides. Cuando le cuenta a alguien que estudia primero de Filosofía la pregunta siempre es la misma: ¿Y eso para qué sirve? “No me preocupa. Entender el mundo sirve para todo”, afirma con contundencia esta estudiante de 18 años.

Los expertos en Recursos Humanos que buscan directivos en grandes multinacionales están de acuerdo con Olivia. “Cada vez unimos más la tecnología con las Humanidades y buscamos profesionales con el conocimiento cultural y la formación en pensamiento crítico que dan carreras como Historia o Filosofía”, afirma Sara Álvarez, Manager de la división de Tecnología de la consultora de selección del Grupo Adecco. “Estamos entrando en una nueva era y buscamos profesionales con visión estratégica”.

“La creatividad está cada vez más demandada en las empresas”, coincide Francisco Ruiz Antón, Director de Políticas Públicas y Relaciones Institucionales Google España. “Damos cada vez más importancia a la forma en que razona la persona en la resolución de problemas, porque la técnica es cuestión de tiempo aprenderla, pero hay habilidades que son innatas o cuesta mucho más adquirirlas. Nuestro director de la oficina de Google en Chicago era Filólogo”, apunta a modo de ejemplo. En el mundo anglosajón, al frente de bancos, empresas tecnológicas y fondos de inversión, proliferan los ejemplos de altos directivos que estudiaron Humanidades.

En el colegio los de ciencias les llamaban letrasados. Ahora las Humanidades cotizan al alza en las empresas.

Sin embargo, este mensaje de optimismo no parece haber calado aún en España. En la Semana de Humanidades organizada por un grupo de alumnos de esa facultad en la Universidad Carlos III de Madrid, el ciclo de charlas se clausuraba con el provocador título, entre la amargura y la ironía, de Las Humanidades no sirven para nada. “Es algo que los de letras hemos escuchado desde que estamos en el colegio”, afirma una alumna de segundo. “En la ESO, los de ciencias nos llamaban letrasados“. En la sala se oía entre risas un murmullo de “a mí también”. No se terminan de creer estos alumnos que su perfil sea cada vez más apto para los puestos directivos del futuro, para ser los jefes de los ingenieros que en el colegio les llamaban letrasados.

Tampoco el Ministerio de Educación parece al tanto de la tendencia. Las últimas reformas educativas han devaluado las Humanidades arrinconándolas en el plan de estudios. Ya no es obligatoria la Filosofía, ni la Historia ni la Literatura en el Bachillerato. “Los mejores alumnos suelen escoger ciencias, porque es lo que les da prestigio social”, explica Enrique Mesa, presidente de la Asociación de Profesores de Filosofía de Madrid. “Hay algunos alumnos buenos que van por vocación a letras, pero son pocos”.

El perfil de las carreras más solicitadas en 2006 no tiene que ver con el actual. Dentro de 10 años, a lo mejor es Filosofía”

El estigma de las letras no viene de los padres. “Ellos suelen aceptar la vocación de sus hijos, son los adolescentes los más influenciables al prestigio social actual”, dice Mesa. “El problema es que con 15 años ya están los alumnos preguntándonos preocupados en qué van a encontrar trabajo”. Por eso cuando Mesa hace tutorías con sus alumnos del instituto, les explica que el perfil de las carreras más solicitadas en 2006 no tiene que ver con el actual, “para que vean lo rápido que cambia todo”, añade. “Hoy en día, una de las licenciaturas más demandadas son las Matemáticas, y eso hace 10 años era impensable. Sin embargo, ingeniería de Caminos o Fisioterapia, de moda hace 15 años, ya no se valoran tanto. Dentro de 10 años, cuando lleguen ellos al mercado laboral, a lo mejor lo más demandado es Filosofía”, comenta Mesa. Y lo dice muy en serio.

La demanda va creciendo a cuenta gotas. La carrera de Filosofía en Madrid ha subido por primera vez en este curso su nota media del 5 pelado al 6,2 en la Universidad Autónoma donde estudia Olivia. “El objetivo de la carrera es el pensamiento crítico, aprender a argumentar, a ver las cosas de otra forma. Y es una herramienta muy útil”, afirma esta estudiante, que cursó primero de Bachillerato de Excelencia en la opción de Ciencias Tecnológicas con una media de 8,16 pero en segundo cambió a Ciencias Sociales (en su instituto no ofertaban la opción de Excelencia, que agrupa a los alumnos con mejores expedientes, para cursar Letras). Olivia, que antes de optar por Filosofía quería ser arquitecta, cambió de idea cuando descubrió a Epicuro, Kant y San Agustín. “Me dejaron boquiabierta porque empecé a comprender lo que pasaba, a cuestionármelo todo”, añade. “Además, el argumento de que al salir de ciertas carreras estés colocado es obsoleto, todos nos vamos a tener que buscar la vida al salir de la Universidad”.

De ‘letrasados’ a jefes

“La mentalidad en España sigue siendo que el historiador o el filósofo tiene que opositar para hacerse profesor”, reconoce Álvarez, la experta en selección de directivos. “Pero hay muchos máster para especializarse en otras inquietudes. Cualquiera puede hacer un curso de Big Data o de Dirección de Empresas, o de liderazgo, por ejemplo. La formación es un plus, pero la diferencia en un puesto con responsabilidades la marcan las inquietudes. Una formación de filósofo te abre muchas puertas. Lo técnico está dejando paso a la creatividad para adaptarse”.

Títulos como Filosofía y Lingüística se demandan en trabajos tan diversos como ventas, finanzas e investigación de mercados

Un estudio de 2017 realizado por David J. Deming, profesor asociado de Educación y Economía en Harvard, descubrió que los empleos que requieren tanto las soft skills (habilidades blandas) como las competencias en comunicación, el liderazgo o de pensamiento crítico, han tenido el mayor crecimiento en empleo y remuneración en las últimas tres décadas en Estados Unidos.

La creencia de que los graduados de artes liberales van a tener difícil trabajar “ignora la realidad de la economía moderna, donde los empleos requieren una combinación de habilidades que no se empaquetan fácilmente en una carrera universitaria”, afirma George Anders, autor de You Can Do Anything (Puedes hacer cualquier cosa: El poder sorprendente de una educación en artes inútiles). En su libro, Anders estudia las salidas de títulos como Filosofía, Sociología y Lingüística en trabajos tan diversos como ventas, finanzas e investigación de mercados.

“Los más demandados son los que hacen de interlocutor entre los departamentos tecnológicos y las áreas de negocio”, explica Álvarez. Son cargos como ‘business analist’, tratamiento de ‘big data’ capaces de desarrollar una estrategia a medio y largo plazo”, afirma Álvarez, que antes de dedicarse a la selección de personal estudió Ingeniería Informática. “No tienes que ser necesariamente ingeniero o un estadístico para estos puestos. También reclutamos gente de Políticas o de Historia, la carrera es lo de menos, lo que se valora es tener el liderazgo y la capacidad de resolver problemas. Saber pensar rápido para guiar conversaciones e interpretar diferentes lenguajes”.

Lo que se valora entre directivos es tener el liderazgo y la capacidad de resolver problemas. Saber pensar rápido para guiar conversaciones

“Una vez que los consejeros delegados ven a los graduados de artes liberales en acción quieren más perfiles así”, insiste Anders, que habla en su libro de los trabajos que hoy empiezan a demandarse y hace diez años ni siquiera existían. Humanizar la tecnología, por ejemplo, para hacerla fácilmente comprensible y atractiva al resto de los mortales, es una de ellas. “Alguien tiene que traducirles a los ingenieros las necesidades sociales”, apunta.

Pensamiento crítico

Cuando Pablo Paternina, un joven recién graduado en Filosofía por la UNAV, se presentó en una entrevista de trabajo de un banco de inversión no tenía “ni la más remota idea de finanzas”, recuerda ahora con franqueza. Pasó pese a ello una ronda de tres entrevistas para lograr el empleo. En la última les dije que en vez de contratar a diez titulados en Administración de Empresas (ADE), que te van a dar la misma solución a los problemas, un filósofo podría venirles bien. Y los convencí”.

En vez de contratar a 10 titulados en ADE, que te van a dar la misma solución a los problemas, un filósofo podría venirles bien”

Después de que lo contrataran, tuvo que pasar seis meses haciendo un intenso curso de formación financiera. “En ese tiempo mi padre se reía porque le mandaba whatsapps por debajo de la mesa para preguntarle cómo funciona la inflación”, bromea. De eso hace cinco años y ahora este filósofo es analista financiero. “El 70% de las veces con los clientes no estás hablando del Ebitda porque no les interesa, quieren hablar de sus problemas y para eso hace falta saber empatizar con las personas. Parece sencillo, pero mucha gente no sabe hacerlo. Y una tabla de Excel no te enseña a tener conversaciones interesantes”.

Según Anders, los elementos clave que buscan las empresas para puestos directivos (muy bien remunerados) son los que demandan pensamiento crítico: la voluntad de trabajar en áreas no inexploradas, las habilidades analíticas necesarias para generar ideas sólidas, la experiencia en toma de decisiones, la habilidad para interpretar a la gente y la comunicación persuasiva. Eso es lo que ofrecía Paternina.

La generación del software de coches autónomos, por ejemplo, está demandando filósofos en el laboratorio

“La generación del software de coches autónomos, por ejemplo, es uno de los experimentos éticos más obvios que demandan filosófos en el laboratorio, porque hay que programar muchas decisiones que hasta ahora eran impulsivas”, afirma Diego Garrocho, profesor en el Área de Ética y Filosofía Política en el Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid. “Cada vez nos llaman más a menudo de grandes empresas para instruir a sus empleados en temas éticos, de bancos del Ibex a empresas tecnológicas. No sé si la filosofía tiene las respuestas para los dilemas que plantean las nuevas tecnologías, pero la filosofía ordena el debate para inspirar decisiones. Somos buenos compañeros de viaje para estas disciplinas”.

Que alumnos que estudian Humanidades, Historia y Filosofía acaben en grandes multinacionales o empresas financieras y de fondos de inversión “era algo muy infrecuente en España, pero nos vamos acostumbrando”, afirma Miguel García-Valdecasas, filósofo y vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. “Las razones que nos dan las empresas de por qué eligen a los graduados es porque perciben más capacidad de análisis crítico que no ven en candidatos de Derecho y Economía que están formados de manera más homogénea, ya sea solo leyes o en economía. Los graduados en Humanidades se están convirtiendo en los futuros jefes porque tienen una visión más global para dirigir gente diferente”.

Los graduados en Humanidades se están convirtiendo en los futuros jefes porque tienen una visión más global para adaptarse y dirigir gente diferente”.

“Mis clientes tecnológicos no me especifican que quieren ingenieros para puestos directivos”, dice Álvarez. “No les interesa una carrera concreta, sino las competencias. Y si la persona que consideramos más idónea para liderar un equipo viene del área de Humanidades es la que se lleva el puesto. Sus valores y sus vivencias son cada vez más importantes. Los clientes nos piden que les preguntemos qué instrumento musical serías o en qué gastarías 100.000 millones de euros”.

Asignaturas pendientes

Para seleccionar un candidato, las empresas consultadas coinciden en buscar gente con inquietudes que sepa interpretar el mundo y entenderse con gente de áreas muy diferentes. Pero las facultades de Humanidades no siempre preparan para ello, ni un título universitario garantiza esas capacidades.

Un reciente informe de Economist Intelligence Unit con entrevistas a expertos en educación de 25 países, se concluye que la resolución de problemas, trabajo en equipo y las habilidades de comunicación ya son las capacidades más demandadas por las empresas. Pero también advierte de que los sistemas educativos no trabajan estas habilidades que hacen falta en los puestos de trabajo. Las competencias tecnológicas son tan fundamentales como el dominio de varios idiomas.

Las humanidades no bastan, las competencias tecnológicas son tan fundamentales como el liderazggo y el dominio de varios idiomas

Las humanidades necesitan la tecnología. Y viceversa. Un estudio de la consultora norteamericana Burning Glass Technologies, que analiza las tendencias del mercado de trabajo, concluye que si los graduados en letras adquieren competencias en una de ocho habilidades técnicas, como redes sociales o análisis de datos, sus acceso al mercado laboral aumenta sustancialmente. No olvidemos que, pese al aumento de la demanda, su inserción laboral sigue por detrás de la media (en el mismo nivel que algunas titulaciones de carácter jurídico-social, como Derecho, Ciencias Políticas, Sociología, Trabajo Social o Periodismo y Comunicación Audiovisual).

Según el último informe de Empleabilidad y Conocimiento de Adecco, las carreras de la rama de Artes y Humanidades recuperan peso específico en su aportación al conjunto de las titulaciones universitarias, pasando de generar poco más del 2% del total de ofertas de empleo en 2014 al 3,16% actual. Dentro de esta categoría, las titulaciones más demandadas han sido Filología (1,33%), Artes y Diseño (0,88%) y Traducción e Interpretación (0,34%).

Las carreras técnicas más demandadas por las empresas son, no perdamos la perspectiva, Ingeniería Informática (8,6%), Ingeniería Industrial (4,3%), Telecomunicaciones (2,7%) e Ingeniería Mecánica (1,9%). Es decir, los ingenieros siguen teniendo más fácil encontrar trabajo. Pero el talento que combine los conocimientos en Humanidades con habilidades técnicas y de liderazgo tiene cada vez más oportunidades de convertirse en sus jefes.

“Las Humanidades han tendido a menospreciar los avances tecnológicos, cuando es fundamental que los universitarios de Humanidades hoy sepan lo que son los algoritmos”, opina Felipe Debasa, historiador y director del Observatorio Nuevas Ciencias Sociales y Tecnologías de la Universidad Rey Juan Carlos. “La tecnología es más importante que nunca para saber cómo funciona un mundo que cambia tan deprisa. Y un buen estudiante de Humanidades con imaginación para soñar y buen juicio crítico, va a ser fundamental en un mundo cada vez más lleno de robots en el que los empleos del futuro están por inventar“.

En su despacho de la Universidad Rey Juan Carlos, Debasa tiene una impresora 3D. La utiliza para reproducir objetos antiguos que les deja a sus alumnos para que los puedan tocar y sentir que viajan en el tiempo. “Hemos hecho unos vasos de la Antigua roma, anillos medievales, estamos intentando reproducir unas gafas de hace cuatro siglos… Sirve para transmitir las sensaciones de que la Historia es viva”, apunta.

“Las empresas de tecnología van a complementar los perfiles tecnológicos con perfiles humanistas para avanzar en la robotización e inteligencia artificial”

“Algunos estudiantes están decidiendo por su cuenta formarse en estas habilidades que no encuentran en el centro educativo”, afirma Antón, que recuerda que Google tiene Activate 2.0, un programa gratuito en competencias digitales para ayudar a los jóvenes a encontrar empleo al que ya se han inscrito 950.000 personas.

“Sería ingenuo pensar que el grado en filosofía abre puertas del mercado laboral sin más”, reconoce Mesa. “Hay que tener la mente abierta al mundo de la ciencia, acabar con esa división artificial entre letras y ciencias como si no se necesitaran mutuamente. No es que haya que compatibilizar varios grados, sino abrir la mente. Las habilidades técnicas se adquieren más rápidamente”.

Aunque en España la tendencia aún es incipiente, muchas multinacionales avisan ya de que irá a más. En las áreas digitales sobre todo. “En el futuro, las empresas de tecnología van a complementar los perfiles tecnológicos con perfiles humanistas para avanzar en la robotización e inteligencia artificial“, afirman desde Telefónica. “Ya estamos experimentando una incipiente demanda de perfiles con formación en filosofía y lingüística sobre todo para posiciones del ámbito de seguridad digital y de NLP (nature laguage processing), aunque todavía suponen un porcentaje pequeño”.

En España la tendencia aún es incipiente, pero las multinacionales avisan de que la demanda de perfiles con filosofía y lingüística irá a más

“También en las start ups están creciendo mucho los perfiles de letras porque valoran mucho la diversidad en la plantilla y necesitan gente polivalente”, apunta Álvarez. En Adecco ya casi no hacen entrevistas curriculares al uso, sino que plantean situaciones para saber cómo reacciona cada candidato. “Sus valores y sus vivencias son cada vez más importantes para valorar su aptitud al puesto. Los clientes nos piden que les preguntemos qué instrumento musical serías o en qué gastarías 100.000 millones de euros… Y con una formación técnica muy cuadriculada no siempre están preparados para improvisar algo así”.

Las empresas están cambiando su manera de reclutar, pero “los que vienen de Humanidades no se lo terminan de creer”, afirma Álvarez, que asegura que para un 80% de los puestos de liderazgo que contrata ya no se especifica titulación. “A veces no optan a una vacante porque dudan de si son aptos. Y no solo lo son, sino que los estamos buscando a ellos, pero cada vez se habla más de competencias y menos de títulos”.

Las empresas están cambiando su manera de reclutar, pero ni los centros ni los estudiantes parecen muy conscientes

Eso sí, con la Filosofía no basta, “hay que saberse vender sin complejos”, reconoce Paternina. “A lo que te tienes que acostumbrar es a que te digan que tu carrera no sirve para nada. Me lo siguen diciendo. Pero te acostumbras a oírlo y desarrollas una habilidad natural para remar contracorriente muy útil en la vida”.

A la pregunta de qué instrumento musical sería, Olivia tarda tres segundos en responder que elegiría el piano: “Es fácil al empezar y no te desmoraliza como el violín cuando partes de cero y, además, te permite tocarlo con otra persona con mucha compenetración y puedes llegar a ser muy bueno si practicas lo suficiente”. Si este reportaje fuera una entrevista de trabajo, estaría contratada.